Anaconda verde

(Eunectes murinus "Linnaeus, 1758")

Anaconda
Mboi Jagua
Culebra de agua

Descripción: Es el ofidio más grande de América, pudiendo alcanzar tamaños de hasta 10 y 11 metros y un peso de 150kg. Este animal posee dientes macizos (carentes de canales conductores de veneno), los cuales le sirven para sujetar a su presa mientras las envuelve con su fuerte musculatura hasta estrangularla y después engullirla completa. La coloración básicamente consta de pardo grisáceo u oliváceo arriba con una o dos series de manchas negras redondeadas sobre el dorso y una o dos series de manchas u ocelos con centros claros, laterales. Abajo blancuzco, con manchitas oscuras. La cabeza arriba oscura, con una banda postocular longitudinal anaranjada o amarillenta, delimitada por dos líneas negras.  El hocico está cubierto por seis escamas engrosadas, tres a cada lado, que constituyen el rasgo más distintivo que separa a las especies de Eunectes de las estrechamente relacionadas Boa. Las narinas y los ojos están en una posición elevada, facilitando así la respiración y la percepción durante los largos períodos que la anaconda pasa sumergida. Los receptores olfativos se encuentran en la lengua, como en todas las serpientes. El cuerpo es ancho y musculoso, adaptado a la forma de cazar de la serpiente, que mata a sus presas por constricción.

DistribuciónDistribución: La anaconda verde es endémica de Sudamérica; habita las cuencas del río Amazonas y del Orinoco, además de otros enclaves en Brasil, Bolivia, Colombia, Guyana, Perú, Venezuela y la isla Trinidad.

Hábitat y Ecología: La anaconda se siente a gusto tanto en los árboles como en el agua; prefiere los estanques de aguas quietas a las corrientes rápidas, por lo que es raro encontrarla a gran altura. Pasa la mayor parte del tiempo sumergida, acechando a su presa; la posición de las narinas le permite sumergir casi todo el cuerpo a modo de cripsis, y su poderosa musculatura la hace una rápida nadadora.
Caza por lo general animales que se acercan a beber, sujetándolos con sus mandíbulas y aferrándose a ellos para enroscarse alrededor de su cuerpo y sofocarlos, ya que atacan extremadamente rápido por lo que en algo más de 10 segundos ya han sometido a su presa. Si encuentra la oportunidad de cazar en tierra, normalmente se descuelga desde una rama para sorprender a su víctima. Contra la creencia habitual, la constricción no mata por lo general directamente a la víctima, sino que le impide respirar, presionando el tórax para imposibilitar la inhalación, y lo logran por la inmenza fuerza de su cuerpo, se enroscan a su presa y formando anillos con su cuerpo ejerciendo una tremenda presión que termina sofocando a su presa. Así lo muestra un estudio con una anaconda de 5.8 m y 40 kg, que empleando un medidor de presión en su alimento (un pato grande) se comprobó que ejercen una presión de 6.5 kg por centímetro cuadrado, casi 4,000 kg en total, opacando las estimaciones que se daban de unos 900 kg, por lo que es la presión más grande que se tiene conocimiento de la cual puede ejercer una animal.
La anaconda no necesita triturar a su presa, puesto que su mandíbula —como en todas las serpientes— se desencaja, permitiéndole tragar el alimento entero y utiliza su fila de dientes interior, las serpientes tienen cuatro filas de dientes, una ordinaria y otra en el paladar, para ir avanzando sobre su alimento e irla introduciendo en su garganta. La digestión de una presa grande puede demorar varias semanas, durante las cuales la serpiente se encuentra casi inactiva y dormita en una rama lo suficientemente fuerte para soportar su peso o a la vera del agua.
La anaconda es capaz de consumir presas de gran tamaño; el carpincho es una de sus víctimas predilectas, así como ejemplares jóvenes de tapir, pecarí, ciervo, y aún caimanes en caso de necesidad, e incluso se sabe que han devorado jaguares y cocodrilos. Se alimenta también de huevos, aves, diversos roedores y otros reptiles menores.
El apareamiento de la anaconda se produce entre abril y mayo; las hembras atraen a los machos mediante una señal olfativa, y estos se congregan a lo largo de varias semanas en torno a esta. En la última fase del cortejo, hasta una docena de machos se enrosca en torno a la hembra, luchando por acceder a la cloaca de esta, formando una bola característica; pueden permanecer enroscados de este modo hasta 15 días, muchas veces en aguas poco profundas, hasta que la hembra —más grande y más fuerte— escoge al vencedor. Durante la copula propiamente dicho, los espolones del macho estimulan la región caudal de la hembra; ambas cloacas entran en contacto, y las colas se enroscan mientras se producen la inseminación. La anaconda es vivípara; la gestación dura unos seis meses, al cabo de ésta, la hembra pare entre 2 y 20 crías.

La anaconda no tiene particular valor comercial —aunque su piel se usa ocasionalmente en marroquinería; la principal amenaza para su conservación es la destrucción de su hábitat, así como la caza por parte de lugareños que la consideran un riesgo para el ganado doméstico y los niños, sin tener en cuenta el papel que juega en el control de las plagas de roedores. Y su venta actual como mascota para coleccionistas de reptiles.
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